Los koans son acertijos que se usan en la tradición zen para testar el avance de los alumnos en su camino espiritual. Plantean situaciones absurdas y extrañas que solo se pueden resolver desde un nivel más elevado de la Consciencia.

Hoy me despierto solo en casa: mi hijo está con Ana, Ariana está de viaje y acabo de recuperarme de una diarrea que me ha tenido dos días fuera de juego. La diarrea es una enfermedad muy explícita: mientras te deshidratas sientes que te abandonan las fuerzas, la vida se te escapa lentamente, dejando solo una vasija vacía: tu cuerpo. Salir de ese estado es como reiniciar la partida, un reset en toda regla.

Zenda – Gustavo Santaolalla

En el silencio de mi amado lagar se despiertan de nuevo los sentidos, se desentumece mi cuerpo y los pensamientos de mi momento actual. Reconecto con esta realidad. Primeros inputs del mundo, un texto breve con un mensaje de un ser muy, muy especial para mí directo al alma con forma de música de Santaolalla. Una bella triangulación: mi silencio, mi amigo y ese elemento universal que conecta a todos con lo místico, lo trascendental sin palabras, a reyes y plebeyos, a despiertos y dormidos, a la buena gente y a los capullos integrales…

Poco tarda el koan en aparecer: ¿estamos solos o somos todos uno? En realidad es probablemente una de las cuestiones más clásicas de la espiritualidad, que cada cual necesita resolver por sí mismo. Me vienen a la cabeza amigos y no-amigos, gente que amas y gente que te defrauda profundamente, el sonido del silencio donde rebotan los avatares de la vida…

…pero el mensaje de mi amigo se rige por pautas y leyes que conozco bien. Las Señales, el imposible que los estadísticos jamás serán capaces de calcular, que no solo resuelven el koan con elegancia, sino que te marcan claramente el camino a seguir, como las lucecitas en el suelo del avión siniestrado en plena noche. No estamos solos, ni mucho menos, y el camino lo andamos con nuestra tribu, que siempre es más grande de lo que uno podría esperar… pero caminas solo. Es mi Consciencia la que decide el tono de cada momento, qué hacer con cada alegría y cada frustración, cómo amar a cada ser querido, cómo fluir con la Vida.

Hace pocos días vino a casa un maestro de la mano de Ariana. De los de verdad. Éramos cinco. Estuvimos toda la noche hablando, meditando, saludando a la cueva. Él puso el tercer pilar que faltaba –por ahora- en mi nuevo esquema interior: la Confianza. El triángulo siempre fue la figura más estable, y ahora la tengo completa: Aceptación, Presencia y Confianza. Fácil de decir, no tan fácil de interiorizar y mucho menos poner en práctica. Hay mucho camino (interior) que recorrer hasta dar con la clave que pone en marcha esos engranajes en tu interior.

Y sin embargo, las Señales son bastante tozudas: se te cuelan en cualquier momento, por cualquier canal. A veces el ping que provocan es tan sutil que es difícil de escuchar, pero su influjo –si estás atento- es tremendo. Las Señales te sostienen rumbo norte, en un camino que nunca sabes a dónde te lleva, salvo a la mejor expresión de tu Ser, para resolver el koan de una forma elegante y sabia: éste es un viaje solitario lleno de mucha gente que en realidad son un reflejo de ti mismo, son tú, reflejado en otras personas que juegan al mismo juego, cada uno con su paja, reflejándonos los unos a los otros desde el amor que a veces toma la forma de un amigo íntimo, un hermano, a veces un amante, a veces alguien que te defrauda sobremanera y te enseña a curar tus oscuridades. Pobre del que piense que el malo te ama menos, porque no es cierto: es más difícil, mucho más, hacer de malo que hacer de bueno; el primero cura, el segundo acompaña. Todos ellos benditos.

Si tienes huevos, prescinde de alguno de ellos, porque tu koan estará incompleto. Avisado estás.

Disfrutad.

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